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Vitaminas

Ingestas y deficiencias

Folatos (B9)

La deficiencia de folatos es frecuente en la población.

Ingestas. Las encuestas NHANES III y la CSFII realizadas en los años 90, indicaron que la mayoría de adultos no consumían unas cantidades adecuadas de folato(Alaimo, McDowell et al. 1994; Raiten and Fisher 1995). El programa de enriquecimiento de folatos realizado en los Estados Unidos con posterioridad a esas fechas, aumentó los contenidos en ácido fólico sintético de alimentos comunes como los cereales y granos. Esto ha permitido que las dietas de la mayoría de adultos americanos alcancen las dosis recomendadas de los equivalentes de folato (Lewis, Crane et al. 1999).

Deficiencia. Unos niveles de folatos séricos de 3 μg/L o inferiores indican deficiencia (Johnson 2007). Las deficiencias de cobalamina pueden llevar a deficiencias de folato, las cuales aumentan los niveles de homocisteína y finalmente pueden llevar al desarrollo de enfermedad cardiovascular o defectos congénitos (Varela-Moreiras, Murphy et al. 2009). Según la Encuesta ENIDE, entre el 76% y 94% de la población tienen riesgo de ingesta inadecuada. Estos resultados parecen preocupantes, sobre todo en mujeres en edad fértil, debido a los riesgos de malformaciones nerviosas fetales(AESAN, 2011).

 

Aumento de los requerimientos. El alcoholismo, los embarazos o el cáncer aumentan los requerimientos y pueden llevar a una deficiencia colateral (Herbert 1999).

Fármacos. También hay casos de fármacos, como los AINEs consumidos a grandes dosis, o el uso de anticonvulsivantes, los cuales inhiben la absorción intestinal de los folatos (Apeland, Mansoor et al. 2001). Tratamientos para las dislipemias como la colestiramina también disminuyen la absorción intestinal (Anonymous 2001). El uso de metotrexato, trimetoprim, pirimetamina, triamtereno, sulfasalazina y anticonceptivos hormonales lleva a sintomatología de deficiencia de folatos que puede paliarse con el uso de suplementos (Highdon 2002). Además, pueden acentuar una deficiencia marginal: sulfasalacina, AINEs, antiácidos, cimetidina, ranitidina, omeprazol, metformina, furosemida y tiazidas.

Ácido fólico y L-metilfolato. La absorción de los folatos es muy variable de persona a persona y, además, un alto porcentaje de la población (40-60%) tienen polimorfismos genéticos (polimorfismos MTHFR) que impiden la conversión a L-metilfolato (L-metiltetrahidrofolato) que es la forma activa que reduce la homocisteína. Estas personas podrían necesitar más folatos de los alimentos o L-metilfolato, pero no ácido fólico a dosis elevadas, ya que no será activo y podría acumularse, con consecuencias negativas para la salud (Bailey and Gregory 1999; Kauwell, Wilsky et al. 2000).