La obesidad puede considerarse un estado de estrés crónico oxidativo. La obesidad eleva el estrés oxidativo como se muestra en las elevaciones de los marcadores de peroxidación lipídica (malondialdehído, hidroperóxidos..., etc.) o de oxidación proteica (8-hidroxi-deoxiguanosina), y este estrés oxidativo puede ser el mecanismo que subyace en las comorbilidades de la obesidad.
El estrés oxidativo asociado a la obesidad puede corregirse mejorando las defensas antioxidantes vía reducción quirúrgica de la grasa, ejercicio y/o modificaciones nutricionales. (ver glutatión y obesidad)

